Retorno a página de descendientes de José Manuel Estrada

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La imagen superior, de 1862 muestra el malecón de Guayaquil y, en la esquina, la casa de José Manuel Estrada (ya fallecido) en la cual habitaba seguramente su viuda, doña Ana Sirio.
Esta casa había pertenecido a doña María Urbina y fue comprada por Estrada en 1847.

La imagen superior derecha es un aviso de periódico que ayudó a identificar la casa. No hay que confundirse, pues el fotógrafo alquilaba una pieza en la casa y no es que un Estrada fuera el fotógrafo. Se trataba de Ricardo Tossell, uno de los pioneros de la fotografía en Guayaquil.

A la derecha, la firma de José Manuel Estrada, en un documento de 1843, junto con la de prominentes hombres de negocios de la localidad. La de abajo es de Manuel Antonio de Luzarraga, entonces el comerciante más activo y acaudalado de Guayaquil. 

José Manuel Estrada, nacido aproximadamente en 1790 en la ciudad de Quito, tuvo dos hermanos, llamados José Antonio y José María. Su madre, Úrsula Estrada Montanero, fue madre soltera. Se sospecha la identidad del padre de los niños, pero no hay sustento documental sólido para probarla de manera irrefutable.

En todo caso, doña Úrsula, aunque muy modestamente, sino en la pobreza, se las arregló para criar a sus hijos por el buen camino. José Manuel se casó por 1815 con doña Ana Sirio Robles, quien heredó de su padre mil pesos, que en esa época era una considerable cantidad de dinero. La pareja se radicó en Guayaquil, donde emprendieron en el comercio con el capital de la esposa y empezaron a tener una vasta prole de catorce hijos, de los cuales sobrevivieron sólo dos: Nicolás y Ana Inés. Es interesante que doña Ana Sirio, en su testamento, sólo habla de diez hijos. Lo posible es que cuatro hayan muerto antes del bautizo y por ello no se los haya tomado en cuenta, o que doña Ana simplemente los haya olvidado para 1872, cuando contaba ya con edad muy avanzada.

En 1822 el general Antonio José de Sucre concede pasaporte a José Manuel Estrada para viajar de Quito a Guayaquil, para atender asuntos de comercio.

La pareja Estrada-Sirio fue muy trabajadora y ya para 1836 don José Manuel Estrada constaba entre los principales comerciantes de la ciudad de Guayaquil. A partir de 1840 comenzó a tener participación activa en la política local, habiendo sido electo, en 1841, Concejal de Guayaquil. Le tocó vivir la epidemia de la fiebre amarilla de 1842 a 1844, en la cual se destacó como uno de los pocos ciudadanos pudientes que se quedaron en la ciudad a cumplir con su deber, en vez de buscar seguridad en lugares alejados de la ciudad apestada. Esa dedicación le costó la vida de al menos uno de sus hijos, entre las víctimas de la fiebre. Don Vicente Rocafuerte, ex Presidente y entonces Gobernador de Guayaquil, tuvo para él palabras elogiosas por su dedicación y entrega, haciendo notar que Rocafuerte no era dado a dar alabanzas.

Don José Manuel continuó con su trabajo y ya para 1858, año en que fallece, contaba con una modesta fortuna que heredó a sus hijos (más de 34 mil pesos a cada uno) y su esposa. Entre los bienes que dejó don José Manuel estaba la hacienda Mapasingue, que mientras fue de propiedad de Nicolás y de Ana Inés, fue el sitio donde se firmó el "Tratado de Mapasingue", en 1860. Poco gozaron los hijos de los bienes legados por su padre, pues por causa de la filiación política de Nicolás, los bienes inmuebles les fueron expropiados al caer el gobierno de corte liberal y tomar el poder un gobierno de corte conservador. 
Los bienes de la viuda, doña Ana Sirio Robles, sí fueron respetados pero perdería gran parte de ellos a favor de su segundo esposo, el doctor y geógrafo, Manuel Villavicencio. 
No sabemos en qué momento cambiaron la forma de escribir el apellido Sirio, pero a Nicolás se lo conocía con la "C", aunque sólo se firmaba "Nicolás Estrada" y no usaba el segundo apellido. Doña Ana se firmó "Sirio" hasta en su testamento.

José Manuel era miembro de la Cofradía del Santo Rosario y al fallecer fue enterrado en la Iglesia de Santo Domingo, también conocida como San Vicente, la más antigua de Guayaquil. La Iglesia se quemó a fines del Siglo 19 y sólo quedaron los muros. Sobre los escombros se construyó una iglesia de cemento. De los cadáveres que allí estaban enterrados, se quemaron los que estaban en la iglesia y los muros, y los que estaban bajo el piso de tablas fueron desenterrados y apilados indiscriminadamente al reconstruirse la Iglesia. No se sabe qué hicieron con las osamentas.

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